¿Te has dado cuenta?

Las cifras son demoledoras. Dicen las previsiones que en 2025 el 45% de las tareas industriales estarán en manos de robots, frente al 10% que actualmente tienen bajo su responsabilidad. Es el impacto de una reducción del 27% en el corte de la robótica, una tendencia que se mantendrá la próxima década con un 22% de descenso adicional.

Además, se prevé que, durante los próximos cinco años, la transformación digital sacará del mercado a cuatro de cada diez empresas de las que hoy conocemos. A pesar de ello, el 45% de ellas confiesan que este fenómeno aún no ha pasado a ubicarse como una prioridad para su equipo de dirección.

Esto impactará, por supuesto, en el mundo profesional, por lo que…

Dicen las estadísticas también que el 47% de los puestos de trabajo que hoy conocemos van a desaparecer durante la próxima década y que el 90% de los que permanezcan necesitarán un cambio muy importante para adaptar la profesión a la llegada de las nuevas tecnologías. A pesar de todo, hoy tan solo un 7% de los “chavales” apuestan por profesiones tecnológicas, en un escenario en el que se prevé que el 65% de los niños que hoy estudian primaria trabajen en profesiones que aún no existen.

Por todo ello, aún podemos elegir. Y podemos  mirar hacia  otro  lado y esperar a que pase el temporal, sabiendo que no lo hará… o reconocer que no se trata de algo nuevo, es un fenómeno que ya hemos vivido más veces, y que en el medio y largo plazo acaba mereciendo la pena. De hecho, para comprobarlo, tan solo hay que poner la mirada en cómo eran las cosas un siglo atrás en el tiempo:

En el caso concreto de los Estados Unidos, al inicio del siglo, la riqueza del país provenía en casi un 40% del sector de la agricultura. Hoy este mismo ratio está tan solo en un 2% y eso no implica que por ello pasen hambre… De la misma forma, si observamos el mercado del empleo, podemos comprobar que hoy tan solo se conservan un 1% de los empleos que existían hace un siglo. ¿Alguien conoce un radar humano?

Tan solo un ejemplo…

Todo esto ha tenido un impacto positivo en  Hospital, el 70% de las personas que están ingresadas en una habitación hace 30 años estarían en cuidados intensivos y, por si fuera poco, el 70% de las personas que hoy están en cuidados intensivos estarían  muertas…

Afortunadamente, hoy todos podemos subirnos a esta ola. No importa cuál sea nuestra edad, nuestro sexo o experiencia profesional, porque en la cuarta revolución industrial hay espacio para todos como personas, como profesionales y como empresas. Dicho lo cual, es lógico que llegue la pregunta: ¿y sobre nuestro sector qué? Por todo ello, y para responder, mostraré a continuación de donde vienen y a donde van algunas de las tecnologías que más están marcando ya el desarrollo y el futuro del negocio inmobiliario y, de esta forma, el perfil de los profesionales que formarán parte de él. En pocas palabras, hablaré sobre la realidad virtual y aumentada y, por supuesto, sobre la llegada del big data y la inteligencia artificial.

REALIDAD VIRTUAL Y AUMENTADA

¿Quién no ha visto Terminator? La película, interpretada por Arnold Schwarzenegger, muestra la historia de un ciborg (criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos) que viaja en el tiempo para cumplir su misión. Esta película, que fue grabada en tan sólo tres meses, consiguió encabezar la taquilla varias semanas.

No obstante, entre todos sus logros, debo destacar que en 2008 fue elegida por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos para ser preservada en el Registro Nacional de Cine. Había conseguido ser calificada como «cultural, histórica o estéticamente significativa» porque en el equipamiento del personaje destacaba un revolucionario sistema capaz de enriquecer la información del entorno al más puro estilo de la realidad aumentada actual. En otras palabras, Terminator inspiró a nuestros científicos en cómo debería ser el desarrollo y la evolución de esta tecnología.

Puesto que a menudo olvidamos lo evidente, es el momento de aclarar cuál es la diferencia existente entre la realidad virtual y aumentada, dos tecnologías que comparten origen y cuya naturaleza está separada por una fina línea divisoria: mientras que la realidad amentada superpone información sobre el mundo real, la virtual nos traslada a escenarios que no existen. Dicho lo cual, pasaremos a su historia…

Su origen lo encontramos en los años 40. Los pilotos de combate iban en los aviones y tenían que elegir, en un momento dado, si enfocaban la mirada en el cuadro de mando de control, o en el vuelo del enemigo, cuando la realidad era que necesitaban ver ambas cosas a la vez. Por ello, los científicos se inventaron el Head Up Display, un panel transparente que permitía ver las dos cosas a la vez y que resolvía el problema, pero, desafortunadamente, tan solo lo hacía de una forma parcial, porque los pilotos tenían que mantener la cabeza muy rígida y al final del día les acababa molestando y generando dolores de cabeza. De esta forma, avanza la ciencia, avanzan los años y los científicos se inventan el Head Mounted Display, un casco con la información proyectada sobre el visor, lo que, de nuevo, resuelve su problema, pero me temo que también era mejorable.

¿Y sobre qué se está trabajando en estos momentos en el ejército de los Estados Unidos? Pues bien, en estos momentos la apuesta son las lentes de contacto iOptik. Fabricadas por la compañía de tecnología óptica Innovega, unas lentes que ofrecen una revolucionaria capacidad multifocal que consigue que el cerebro pueda enfocar a corta distancia, manteniendo la media y la larga al mismo tiempo.

Esto es posible gracias a un filtro central que dirige una luz con información digital al centro de la pupila mientras que el filtro exterior enfoca hacia su borde lo que el usuario percibe como más alejado. Estas lentes proporcionan un campo de visión mucho más amplio de lo normal y permiten además proyectar imágenes mostrando, por ejemplo, la visión de un dron que sobrevuela el terreno.

Desde entonces, el interés por la realidad aumentada ha ido ganando fuerza, en especial, entre los gigantes del mundo digital. Ha sido tal su apuesta que, de hecho, han pasado a convertirse en los nuevos protagonistas de esta larga historia.

Y hoy, ¿para qué se puede utilizar algo así? ¿Para qué vale esta tecnología? Como dijo Mark Zuckerberg: “para que las personas puedan experimentar lo imposible”. Por ello, se utiliza ya mucho en espacios como el mundo médico y la educación.

La realidad aumentada permite transmitir conocimientos mediante la inmersión en mundos enriquecidos, experiencia difícil de olvidar. Por ello, su llegada abre enormes posibilidades en el espacio de la educación y la formación, donde su capacidad para mejorar nuestra comprensión de la realidad, optimizar el aprendizaje y reforzar la motivación no tiene precedentes.

El proyecto Magic Book de la Universidad de Canterbury (Nueva Zelanda) es probablemente el más conocido de todos. Fue lanzado en 2002, en el seno del HIT Lab NZ (Human Interface Technology Laboratory New Zealand) para fomentar las ganas de leer entre los niños.

Para ello, recurrieron a los libros aumentados, capaces de dar vida en 3D a la información impresa en el soporte físico. Ofrecían así multitud de experiencias divertidas y una forma fácil – y efectiva – de retener lo aprendido.

Curiosamente, estos libros también permitían que varios niños pudieran leer lo mismo a la vez, incorporándose en la escena como un personaje más, en concreto en el visor de los compañeros. ¿Nos podemos imaginar cual sería el impacto de aprender así la lista de los reyes godos?¿La complejidad del sistema solar?

¿O el funcionamiento de los volcanes? Sin duda, se trata de una aproximación muy interesante, en especial, para todos aquellos estudiantes que han cambiado el libro por la vídeoconsola.

Y llegaríamos así a la pregunta clave: ¿y realmente funciona? Y la respuesta llega de la mano de la ONU. Es tal su potencial de inmersión y su eficacia que la ONU lo está utilizando desde el año 2014 para que podamos entender cómo reaccionar contra el virus del ZIKA, con una película de 9 minutos que está colgada en Youtube y que se llama “The waves of Grace”.

Llegamos así a la otra pregunta: ¿por qué ahora? ¿Por qué en esta década, cuando se trata de una tecnología que lleva con nosotros tantos siglos? La respuesta esta vez es muy sencilla: porque es el momento de su “democratización”. Es el momento en el que todos podemos acceder a ella por unos 14 euros (gastos de envío incluidos) en el caso, por ejemplo, de las gafas de cartón de Google, las Cardboard.

Dicho lo cual, me gustaría pasar a reflexionar sobre el impacto de algo así sobre el sector inmobiliario y es que cada vez son más las empresas y los profesionales que se están animando a utilizar este tipo de herramientas en su día a día para que una persona pueda visitar una vivienda sin tener que salir de casa o de su oficina. No obstante, todavía hay quien piensa que todo esto es una moda y que pronto pasará, como pasaron las demás. ¿No es verdad? Todos conocemos a alguien que piensa así, por lo que mi recomendación para quienes piensen así es que no esperen mucho más porque el cambio ha llegado para quedarse y no les va a esperar…

 BIG DATA E INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Aunque se habla mucho sobre estas dos tecnologías, son pocos los que conocen al día de hoy la línea divisoria que hay entre ellas, por lo que empezaré por aclarar donde están las diferencias.

En el caso del Big Data, estamos frente a una tecnología que analiza volúmenes de datos enormes que hasta su llegada hubieran sido imposibles de analizar, mientras que con la inteligencia artificial estamos frente a una tecnología que razona por nosotros, de forma que si tenemos un problema es capaz de decirnos qué pregunta tenemos que hacer al Big Data para resolverlo… Y bien, ¿aplicaciones de todo esto? Empezaré por el fútbol.

Alemania reconoce con orgullo que usó un arma secreta para ganar el Mundial de Fútbol de Brasil 2014: Match Insights. Desarrollada por su socio SAP AG, procesaba y analizaba información masiva procedente de dos fuentes: múltiples sensores colocados en el pecho y las piernas de los jugadores, y las grabaciones de las cámaras de vídeo ubicadas en el campo. En total, por partido, unos 60 millones de datos. Esto permitió a Joachim Löw, su entrenador, mejorar tanto el desempeño individual como el funcionamiento como equipo. En particular, se marcaron una prioridad: la velocidad, consiguiendo reducir el tiempo promedio de posesión de los 3,4 segundos a 1,1

Esta tecnología es igualmente utilizada por el Departamento de Policía de Los Ángeles para predecir delitos. ¿Quién no recuerda la película Minority Report (2002) de Steven Spielberg? Estaba centrada en la persona, pero la filosofía era la misma: el precrimen. Hoy la policía de Los Ángeles utiliza desde 2012 un algoritmo para predecir delitos. Y, ¿todo esto cómo funciona? Esta tecnología analiza los datos de los teléfonos móviles: con quién hablas, cuántas veces, y su duración, entre otros. Con ella detectan personas con alta probabilidad de cometer actos violentos y elabora una lista de futuros criminales. De hecho, incluso les alertan durante una visita individual, lo que evidentemente funciona.

Y, además, me gustaría recordar una de sus aplicaciones al mundo de la medicina, y es que esta tecnología permite predecir, gracias a un equipo de investigadores de la Universidad de Nottingham, con un 80% de éxito si una persona va a sufrir un infarto repentino. Estamos hablando de un problema que afecta a unos 500.000 europeos cada año, algunos (demasiados) de los cuales son adolescentes y/o niños. Con una esperanza de vida en torno a los diez minutos, esto supone un enorme problema en todas aquellas ciudades en las que se producen atascos.

Sin embargo, estamos hablando del pasado, de cosas que ya suceden o están sucediendo, y a mí me gustaría centrarme en el futuro: ¿hacia dónde nos lleva? ¿Hacia dónde va esta tecnología? Por lo que es el momento de hablar de los chatbots. Un chatbot: un programa informático que simula conversaciones con un ser humano de forma tan natural que podría llegar a engañarle haciéndole pensar que está interactuando realmente con otra persona.

El primer chatbot de la historia fue bautizado como ELIZA y desarrollado en los años 60 por Joseph Wiezenbaum (1923-2008), profesor de informática e ingeniero del laboratorio de Inteligencia Artificial del Massachusetts Institute of Technology (MIT). ELIZA era un programa capaz de procesar el lenguaje natural, lo que hacía utilizando un mecanismo de funcionamiento relativamente simple: detectaba palabras clave en una frase escrita y respondía con una frase pre construida almacenada en su propia base de datos. El resultado era muy básico, pero conseguía engañar al usuario haciéndole creer que realmente hablaba con una persona. Y, desde entonces, creedme, han avanzado muchísimo.

El 7 de junio del 2014, coincidiendo con el 60º aniversario del fallecimiento de Turing, una máquina logró superar finalmente el test. Bautizado como Eugene Goostman, logró convencer a los presentes de que se trataba de un joven ucraniano de trece años de edad. No obstante, pronto llegó la controversia, porque la edad del «chaval» y el bajo dominio del inglés que este decía tener jugaron a su favor. En cualquier caso, pocos se podían imaginar que ese «joven» que adoraba canciones de Eminem y que aborrecía La guerra de las Galaxias era en realidad un programa informático desarrollado desde el año 2001 por dos jóvenes investigadores de Europa del Este. Por ello, esta tecnología se ha convertido, al día de hoy, en una de las grandes apuestas estratégicas de muchos de los gigantes de la tecnología.

Tanto que, según predicciones de analistas como Gartner, se espera que para el año 2020 hablemos más con chatbots que con nuestras parejas… ¿Y tendrán razón? Desde luego, datos así deben llevarnos a tomar esta tecnología muy en serio y, por supuesto, a explorar su potencial de aplicación para nuestro negocio. En la actualidad ya hay empresas que utilizan esta tecnología para determinar el precio “justo” al que se debería comprar o vender una vivienda. Además, es una herramienta que podría ayudar a encontrar la mejor vivienda para un posible comprador y, por supuesto, ayudar en la ejecución de campañas de marketing. Por si fuera poco, se trata de herramientas que nos ayudan a conocer mejor a los clientes y a preparar la mejor propuesta para ellos. Pero todo eso es tan solo el principio porque, si algo está claro sobre el impacto de la transformación digital, es que su futuro, en este y en todos los sectores de actividad, nos lo tenemos que inventar… Y  tú también puedes.